Desde que existen los canales de televisión de Berlusconi ya no transmiten Woobinda, el pálido muchacho suizo que corre por la sabana. Es una de las consecuencias de la derecha.

Me llamo Giusseppe, tengo treinta y un años. Aries. Soy de izquierda como Woobinda. Woobinda era un solidario. El disco gritaba: «Woobinda ayúdame, Woobinda ayúdame». Era un disco del mismo grupo que canta Furia. Tampoco Furia la siguen dando.

Furia la volvieron a dar durante una temporada. No era lo mismo que cuando yo era joven. Tenía un tema musical horrible. No hacía soñar. Y mi generación tiene mucha necesidad de soñar.

Mi generación cree en algo nuevo. A Woobinda los chicos de ahora no lo conocen. No conocen tampoco a Fantomas.
De noche entro en casa por al ventana. Al otro día hago poner el cristal que he roto al entrar por la ventana.

Si en la sabana hubiera habido ventanas Woobinda las habría roto para entrar. Un día ya no quedarán bosques y entonces Woobinda acabaría como en la televisión de ahora, en la que directamente no existe.

En cambio sí que existe dentro de mí, como si el tiempo no hubiera pasado.

Dentro de todas las personas a las que todavía les queda algo que decir. Es la fuerza de tener treinta años en los años noventa.

Es saber hacia dónde te diriges […]

Aldo Nove.

Dermis Tatú – Corazón Gris (68 plays)

Yo estaré a cien millas de aquí/ naufragando sin parar de reír. 

Hasta cuándo seguir gritando a esta gente
Que el Rey y la Reina yacen bajo tierra
Hasta cuándo seguir gritando que no cedo en hipoteca mis sueños
Hasta cuándo seguir gritando que soy incorregible
Hasta cuándo seguir gritando que no reniego de mis actos
Hasta cuándo seguir gritando que nada de lo que no tengo
está en venta ni quiero que ningún imbécil corte la soga
Hasta cuándo seguir gritando que no cumplo mis deberes en la tormenta
Hasta cuándo seguir gritando que no exijo futuro
Hasta cuándo seguir gritando a esta gente que me son despreciables
Hasta cuándo seguir gritando que estoy
con los que no tienen razón porque la tienen a mares llenos
Hasta cuándo seguir gritando que jamás abandonaré mi capa de insurgente
Hasta cuándo si desde siempre mis cartas están sobre la mesa. 

Víctor Valera Mora.

Simón Díaz – Nostalgia (60 plays)

Quiero emborrachar al corazón  
para después poder brindar  
por los fracasos del amor.

Un poema no tiene edad
se puede escribir en una hora, en un día
o no se escribe nunca
Un poema no cura la edad
ni el cansancio de esperar a que suceda el poema
Pero quita la sed de estar callados
quita la ansiedad de no decir lo que se piensa
¿Qué dice el poema? 
que la noche llega como llega el día
esperando una palabra de amor

¿Quién te quiere, poema?
¿Quién te necesita?

Muhsin Al- Ramli. Irak, 1967.

El cristo olvidado

Allí, en aquel fondo de iglesia, en la pared
más blanca y más desierta, en el frío de la noche,
sólo iluminado por un residuo de luz
que llega de la lámpara encendida en la calle
el crucificado se esconde. Ya nadie va
a aquel desván, nadie sabe tal vez
que él aún está allí, y no obstante es aquel
su lugar. Solo reza para que
nadie lo vea, para que nadie le
pida nada: ¿qué respuesta podría dar
a quien lo buscase? ¿Qué promesas encendería
en la mirada de los desesperados? ¿Dónde
encontraría la luz para quien vive en la oscuridad?
Pero está allí; y cuando pienso en él, pregunto
si no debería sacarlo de aquella pared o, por
lo menos,si no debería ir a ese desván, mirarlo a los ojos
blancos de la muerte, y consolarlo, por poco que
sea, con mi presencia.

Nuno Júdice, Portugal 1949.

Cómo no lloralo. 

(Source: mariah-do-not-care-y, via alphasoixante)

abstiegundzerfall:

Yamasaki Ko-ji

(Source: theyvcreation, via godot-et-merault)

A grandes males, grandes viernes. 

A grandes males, grandes viernes. 

Amar a Jenny era como ir comiéndose una
manzana bajo la lluvia. Era estar en el
campo y descubrir que hoy amanecieron
maduras las cerezas.
Hans solía cantarle fantásticas
historias del tiempo en que los témpanos
eran los grandes osos del mar. 


Y cuando
venia la primavera, él la cubría con
silvestres tusilagos de trenzas.
La mirada de Jenny poblaba
de dominicales colores el paisaje.
Bien pudo Jenny Lind
haber nacido en una caja de acuarelas.
Hans tenia una caja de música
en el corazón,
y una pipa de espuma de mar,
que Jenny le diera.
A veces los dos salían de viaje por
rumbos distintos. Pero seguían amándose
en el encuentro de las cosas menudas
de la tierra.
Por ejemplo,
Hans reconocía y amaba a Jenny
en la transparencia de las fuentes
y en la mirada de los niños
y en las hojas secas.
Jenny reconocía y amaba a Hans
en las barbas de los mendigos,
y en el perfume de pan tierno
y en las más humildes monedas.
Porque el amor de Hans y Jenny era
íntimo y dulce como el primer
día de invierno en la escuela.
Jenny cantaba las antiguas baladas
nórdicas con infinita tristeza.
Una vez la escucharon unos estudiantes
americanos, y por la noche todos
lloraron de ternura
sobre un mapa de Suecia.
Y es que cuando Jenny cantaba,
era el amor de Hans
lo que cantaba en ella.
Una vez hizo Hans un largo viaje
y a los cinco años estuvo de vuelta.
Y fue a ver a su Jenny
y la encontró sentada,
juntas las manos,
en la actitud tranquila
de una muchacha ciega.
Jenny estaba casada y tenía dos niños
sencillamente hermosos como ella.
Pero Hans siguió amándola
hasta la muerte, en su pipa de espuma
y en la llegada del otoño
y en el color de las frambuesas.
Y siguió Jenny amando a Hans
en los ojos de los mendigos
y en las más humildes monedas.
Porque, verdaderamente,
nunca fue tan claro el amor como cuando
Hans Christian Andersen amó a Jenny Lind,
el Ruiseñor de Suecia.

Aquiles Nazoa

Las distancias que se ríen me podrían decir que tengo balzas en los ojos…

nosoytuchiste:

A un mes y un día las protestas en Venezuela que empezaron el 12 de Febrero de 2014 han dejado 28 muertos y 365 heridos. Entre ellos, estudiantes que marchaban pacíficamente. Estas cifras aumentan diariamente.

Arte Contra Balas, es una campaña basada en métodos de acción no-violenta, creada por Daniel Arzola con motivo de las protestas contra la dictadura Venezolana que inició en Febrero de 2014 en Venezuela.