Poema egoísta
Yo, que cuando estoy invitado toco la puerta;
que cuando soy extraño a la casa
profeso la teoría de la destrucción de las paredes;
que cuando tengo permiso dudo,
me hago ajeno sin querer.
Yo, que los tributos los pago en sueños;
que mis poemas predicen el futuro,
que me hago madrugada, repito palabras,
decoro el espacio, le doy sangre a las estrellas,
y siento unas ganas terribles de visitar otros planetas.
Yo que me sé inocuo,
y me reparto en partes iguales
todas igualmente inconsistentes.
Yo que no escribo porque quiero.
Yo, yo, yo, yo y mis diálogos internos.
Yo que me acompaño todo el tiempo,
y termino odiando mi presencia.
Yo que pueblo mis dudas y las hago volcán
cuando son brisa y lluvia fresca.
Yo que escucho tu voz y me alegro,
pero es muy tarde, no era tu voz, era un eco.
Yo que no puedo entregarme entero
por temor a ser granada;
y condeno mi cuerpo a ser distante.
Yo que he sido un mal amante,
yo que sólo quiero poder arrepentirme sin remordimiento.
Y no puedo.
Rafael D’Armas.